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jueves, 29 de septiembre de 2016

Represas sobre el río Santa Cruz

El mundo le pide a Macri frenar las represas sobre el Río Santa Cruz 
El sábado representantes de organizaciones ambientales a nivel global, reunidos en el Congreso Mundial de la Naturaleza en Hawaii, expresaron su rechazo a las represas sobre el Río Santa Cruz. Mientras tanto, según lo publicado ayer en diferentes medios, el gobierno argentino habría reconfirmado su construcción. De concretarse sería una pésima noticia para la supervivencia del macá tobiano en particular, y del medio ambiente en general.
 Revista pulso ambiental 5
El día jueves, importantes medios anunciaron que el gobierno nacional, tras la visita del presidente Mauricio Macri a China, confirmó la construcción de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en el río Santa Cruz. Mientras tanto, representantes de diferentes organizaciones no gubernamentales de todo el mundo votaron la moción presentada por la delegación argentina en el Congreso Mundial de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en contra de la construcción de dichas represas.

De esta manera, según el texto oficial, “EXHORTA a la República Argentina a que suspenda toda actividad relacionada con el proyecto de las represas sobre el río Santa Cruz hasta que se lleve a cabo el debido proceso de evaluación de impacto ambiental (EIA) y evaluación ambiental estratégica (EAE) conforme a la legislación vigente, con plena y efectiva participación de todos los actores interesados y organismos competentes en el marco de un debate informado y estratégico sobre las decisiones energéticas del país, asegurando que no resulten afectados el ecosistema de la cuenca del río Santa Cruz ni las poblaciones del macá tobiano en territorio argentino”.

Esta declaración de la UICN -la organización ambiental más antigua y grande del mundo que cuenta con 1350 miembros entre los que se encuentran Estados, organismos internacionales, académicas, ONG y pueblos indígenas- se da en el marco del mismo congreso en que el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Sergio Bergman, anunció públicamente que el Estado argentino volverá a ser miembro de ese organismo internacional -del que también la Cancillería China es miembro pleno-, lo cual implica una primera contradicción en las políticas ambientales de la Argentina.

En este contexto Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), Aves Argentinas, Banco de Bosques, Flora y Fauna, Fundación Naturaleza para el Futuro (FuNaFu) y Fundación Vida Silvestre Argentina vuelven a reclamar a la Administración Nacional la suspensión de la construcción de las represas del complejo hidroeléctrico Kirchner-Cepernic sobre el lecho del río Santa Cruz, ubicado en la provincia homónima y último río glaciario de la Patagonia que corre libre desde la cordillera hasta el mar, y sitio clave para el críticamente amenazado macá tobiano, un ave endémica de nuestro país, de que casi la totalidad de los individuos que quedan (tan sólo 400 parejas reproductivas) pasan el invierno en ese sitio, catalogado a nivel mundial como Área Importante para la Conservación de las Aves.

Una especie “nueva” a la que le queda poco
El macá tobiano fue descubierto para la ciencia en 1974, hace relativamente poco, sin embargo hoy en día se encuentra En Peligro Crítico de extinción, la más alta de las categorías de amenaza para las especies. Su población disminuyó más del 80% en los últimos años debido, entre otras causas, a la introducción del visón americano y la trucha arco iris, que diezmaron las colonias de cría del macá. La situación del macá tobiano -una de las pocas aves exclusivas de nuestro país y que sólo se encuentra en la provincia de Santa Cruz- es desesperante pese a los esfuerzos de las organizaciones ambientalistas que trabajan en su conservación y a la creación del Parque Nacional Patagonia que protege algunas de las lagunas donde nidifica: hoy quedan sólo 800 individuos.

Grandes represas: con un alto impacto sobre el ambiente y escasa vida útil 
A nivel nacional, el gran impacto socio-ambiental de las represas llevó, precisamente, a la decisión legislativa de dejar fuera del régimen de energías renovables a emprendimientos de más de 50 MW2. Asimismo, dentro de la comunidad científica, existe consenso al afirmar que una de las mayores causas de disrupciones en los flujos de agua es la construcción de grandes represas, contribuyendo sustancialmente a la destrucción de pesquerías, la extinción de especies y la pérdida generalizada de servicios ecosistémicos de los cuáles depende la economía humana.

Además el proyecto que amenaza al Río Santa Cruz no está en línea con los compromisos asumidos por Argentina en el Acuerdo de París para atender la problemática del cambio climático global. En este punto es importante subrayar que el sector energético genera el 50% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), responsables del cambio climático. Además existen otros impactos ambientales relacionados con el sector energético, como la contaminación atmosférica y del agua, la destrucción de hábitats y la degradación de tierras.

Un proyecto costoso y sin transparencia
Las represas tampoco son un buen negocio desde lo económico. Por ejemplo, conforme su diseño original, las represas tendrían una productividad o factor de planta del 34% (comparada con Yacyretá que tiene un 71%), y sólo el 43% de la energía que generarían podría ser aprovechada por la capacidad de los tendidos eléctricos actuales. Para aprovechar el 100% de la energía generada, deberían construirse nuevos tendidos eléctricos que se calculan en unos 2.000 millones de dólares, lo que hace a las represas, además de lo ambiental, inviables económicamente.

Cuando hablamos de costo y rentabilidad de las grandes represas también debemos tener en cuenta la aceleración de las variaciones climáticas que vienen agudizandose en las últimas décadas. Este año por ejemplo, las represas sobre el río Limay y Neuquén brindaron el 80% menos de energía debido a las faltas de lluvia de la alta montaña. No hay obra humana que supere las respuestas que la naturaleza que se manifiestan ante los impactos irreversibles que le provocamos.

Una propuesta eficiente
Es fundamental que se le dé impulso a una política de eficiencia energética que promueva el uso eficiente de la energía. Esto permitirá contribuir a la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, a proteger nuestros recursos no renovables, a favorecer que los servicios energéticos se brinden a un menor costo y, de esta manera, también a cuidar la economía. El potencial de ahorro estimado a 2030 se encuentra entre el 20% y 30% en relación con la demanda estimada, de continuar con las prácticas actuales.

Todos los sectores pueden disminuir su consumo de energía. Esto le permitiría al Estado ahorrar, al menos, US$ 2.500 millones hasta 2030 a partir de una reducción de la demanda futura de combustibles para generación y de una disminución en el costo de inversión en centrales eléctricas (Fundación Vida Silvestre Argentina, 2013).

La experiencia internacional indica que una de las formas más rápidas y económicas de superar una situación energética crítica es racionalizar y hacer más eficiente el consumo y también que, en general, es más barato ahorrar una unidad de energía que producirla. Si bien en la Argentina ya se están impulsando algunas medidas para promover la eficiencia energética, resultan aún parciales e insuficientes. Por todo lo expuesto, las represas representan un mal negocio desde lo ambiental técnico y económico. No tiene sentido seguir adelante con un proyecto con tan mal pronóstico.

Contactos de prensa:
María Emilia Garro Vidal. Directora de Prensa y ComunicaciónFARN Argentina. megarro@farn.org.arT (+5411) 40700397C (+5411) 15-2269-5955
María Inés Lanz.Directora de Comunicación Fundación Vida Silvestre Argentina. ines.lanz@vidasilvestre.org.arT (5411) 4331-3631 interno 135C (5411) 15-6359-6184
Francisco González Táboas.Prensa y ComunicaciónAves Argentinas. francisco.gtaboas@avesargentinas.org.arTel (5411) 4943-7216 al 19 (int. 103)C (5411) 15-5953-4324
Darío Rodriguez.CoordinadorBanco de Bosques. dario@bancodebosques.orgC (5411 15-32409108

domingo, 20 de diciembre de 2015

Cambio Climático: Acuerdo de Paris

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Amy Goodman y Denis Moynihan

El 12 de diciembre, casi 200 países aprobaron el llamado “Acuerdo de París”. Este documento de 32 páginas de extensión detalla minuciosamente el nuevo plan oficial de la humanidad para hacer frente a la crisis que supone el cambio climático. Las negociaciones para llegar al acuerdo se llevaron a cabo en un complejo fuertemente protegido ubicado en la zona parisina de Le Bourget. En virtud del “estado de emergencia” declarado tras los atentados terroristas que el 13 de noviembre provocaron la muerte de 130 personas en París, en todo el territorio francés estaban prohibidas las manifestaciones. Pese a ello, hubo activistas que no acataron la prohibición, también en virtud de un “estado de emergencia”, frase con la que describen la situación del clima del planeta. Durante las dos semanas de la Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático se llevaron a cabo manifestaciones, por momentos violentamente reprimidas por la policía, en las que personas de todo el mundo pidieron un tratado justo, ambicioso y vinculante a fin de evitar las peores consecuencias del cambio climático.
Dos días después del término de las negociaciones, el periodista británico George Monbiot sostuvo en Democracy Now!: “Lo que veo es un acuerdo sin plazos ni objetivos, con vagas y leves aspiraciones. Veo muchas palmadas en la espalda, mucha auto-felicitación, pero veo muy poco en términos del contenido real que se requiere para evitar el colapso de clima”.
La postura de George Monbiot es opuesta a la de muchas personas comprometidas con la causa ambiental, quienes consideran el resultado de las negociaciones como un avance positivo. Michael Brune, director ejecutivo de Sierra Club, dijo: “Casi todos los países del mundo se comprometieron ya sea a reducir su propio nivel de emisiones de carbono o a poner un tope al aumento de sus emisiones. Hubo también un reconocimiento explícito de que aquello a lo cual se comprometieron no es suficiente y por tanto se estableció un proceso para evaluar el grado de avance que se alcanza y comprometerse entonces a efectuar mayores reducciones de forma ininterrumpida en los años siguientes”.
La cumbre comenzó con el mayor encuentro de jefes de estado de la historia. El Dr. Hoesung Lee, presidente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), organización de casi 2.000 científicos que publica el consenso de la comunidad científica mundial sobre el cambio climático, se dirigió a los líderes y enunció: “El clima ya está cambiando y sabemos que ello se debe a la actividad humana. De continuar de esta manera, nos arriesgamos a enfrentar impactos cada vez más graves e irreversibles: aumento del nivel del mar, sequías e inundaciones cada vez peores, escasez de agua y alimentos, aumento de los flujos de inmigración y refugiados a causa del clima, para mencionar solamente algunos”. En casi todos los rincones del planeta, las conclusiones de la ciencia que estudia el clima se aceptan como un hecho. Estados Unidos, principal país contaminante en la historia y sede de algunas de las compañías de extracción de combustibles fósiles más poderosas y políticamente influyentes a nivel mundial, es el único lugar donde se da crédito a quienes niegan el cambio climático.
Los especialistas en clima del IPCC proporcionaron distintos escenarios posibles frente al calentamiento global en los que describen de qué manera podría ser el mundo si el planeta alcanzara una serie de distintas temperaturas. Ya nos encontramos 1° Celsius por encima de la temperatura promedio de la era preindustrial y enfrentamos impactos devastadores. El principio rector del Acuerdo de París es la promesa de mantener “el aumento de la temperatura promedio del mundo muy por debajo de los 2° Celsius (lo que equivale a 3,6° F) en relación a los niveles preindustriales y desarrollar esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura a 1,5° Celsius (o 2,7º F) por encima de los niveles preindustriales”.
Esta diferencia, en apariencia pequeña, resulta de suma importancia. Con una rápida descarbonización de la economía mundial, con un rápido pasaje a energías renovables no contaminantes podríamos limitar el aumento de la temperatura a 1,5° Celsius. En ese escenario, los pequeños países insulares podrían sobrevivir al aumento del nivel del mar que se prevé. Con un aumento de 2° Celsius, el hielo polar se derrite, el agua se calienta y por tanto se expande y el nivel del mar se incrementa 91 cm. Varios pequeños países insulares, como Maldivas o las Islas Marshall quedarían completamente sumergidos y desaparecerían. El objetivo de limitar el aumento de temperatura a un grado y medio por encima del nivel de la era pre-industrial se incluyó en el Acuerdo de París, pero como destaca George Monbiot: “Es como si se hubieran permitido adoptar 1,5° Celsius como objetivo al que aspirar ahora que esa meta ya es casi imposible de alcanzar”.
La periodista y activista Naomi Klein habló también sobre el acuerdo. Klein sostuvo: “Pasará por encima de los límites cruciales establecidos por los científicos y pasará también por encima de los límites de la equidad. Sabemos, haciendo cálculos y sumando los objetivos que las principales economías presentaron en París, que esos objetivos nos llevan a un futuro muy peligroso. Nos llevan a un futuro con un calentamiento de 3 a 4 grados Celsius”.
Asad Rehman, de Amigos de la Tierra, describió el límite de la equidad del que hablaba Naomi Klein: “Se trata de dar apoyo a los más vulnerables, las personas más pobres, que son quienes ya están perdiendo sus vidas y medios de sustento y que son quienes van a enfrentarse a impactos climáticos cada vez peores, principalmente por responsabilidad de los países ricos y desarrollados que han crecido y se han enriquecido gracias a la contaminación con carbono”. En el Acuerdo de París, a este apoyo se le llama “Pérdidas y daños”, que en los hechos significa un sistema de compensaciones de índole financiera por parte de los países ricos a los países pobres que sufren los graves impactos del cambio climático. Rehman agregó: “Los países ricos responsables de esta crisis pretenden ahora trasladar la carga de la responsabilidad de los ricos a los pobres. Mi gente habla del legado de Obama en lo que refiere al cambio climático. Desafortunadamente, el legado que dejará en este sentido es un cáliz de veneno para los pobres, al hacerles pagar realmente los impactos del cambio climático”.
Una amplia coalición de organizaciones de acción contra el cambio climático prometieron un agresivo año de acciones directas orientadas a precipitar el fin de la era de los combustibles fósiles. Como me dijo Kumi Naidoo, de Greenpeace: “La mayoría de los que formamos parte de las organizaciones de la sociedad civil, nunca hablamos del ‘camino hacia París’, siempre hablamos del 'camino que pasa por París'.

© 2015 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org
Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Para entender la cumbre del cambio climático

COP21: 6 preguntas para entender por qué es tan importante la cumbre del cambio climático en París


Los líderes mundiales se encuentran en una París todavía golpeada por los ataques del pasado 13 de noviembre para intentar avanzar en la lucha contra el cambio climático.
Les ofrecemos una guía rápida para conocer en qué consiste esta cumbre.

¿Para qué es la conferencia?

Al grano, los gobiernos del mundo ya se comprometieron a recortar las actividades humanas que liberan gases de efecto invernadero, como la quema de combustibles fósiles.
Pero esa no es la solución al problema.
La dificultad está en conseguir que 195 países acuerden cómo lidiar con el asunto del cambio climático.
Cada año, desde 1992, se celebra la conferencia de las partes con los negociadores tratando de componer un plan práctico.
Este año, en París, es la última oportunidad para este proceso. Los negociadores dispusieron en 2011 que el acuerdo definitivo debía adoptarse antes del fin de 2015.

Cambio climático

1 ºC
de incremento de temperatura desde 1850.
  • 2 ºC se considera el límite de un calentamiento global demasiado peligroso.
  • 30% han subido los niveles de CO2 desde la Revolución Industrial.
  • 4% ha retrocedido la cantidad de hielo en el Ártico.
  • 9 de 10 de los años más cálidos registrados han ocurrido desde el año 2000.
Los críticos dicen que el problema del cambio climático no será tan urgente cuando se toman 20 años para acordar una solución.
Pero los defensores de las cumbres argumentan que tomarse tanto tiempo es necesario porque las decisiones se adoptan por consenso en el sentido de que no hay nada acordado hasta que todo ha sido acordado.
Las partes creen que, a pesar de esta enorme limitación, es la mejor manera de garantizar un resultado justo: todos compartimos el planeta, así que todos deberíamos tener una voz con el mismo peso respecto a su futuro.

¿Por qué tiene un nombre tan extraño?

COP21 es la forma abreviada del inglés para la vigésimoprimera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.
Este larguísimo título fue creado en la cumbre celebrada en 1992 en la brasileña Río de Janeiro, donde por primera vez se reunieron los países preocupados por el cambio climático.
Allí se acordó una convención que entró en vigor en 1994 y que ha sido suscrita por 195 países.
Presidente chino
Image captionLos líderes mundiales acuden a la jornada inaugural para luego dar paso a los equipos negociadores de cada país.
La clave del acuerdo está en la "estabilización de los gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que evite la interferencia humana dañina en el sistema climático".

¿Quién asistirá?

Se espera que unas 40.000 personas de todo el mundo lleguen a la cumbre en las dos semanas que dura.
Una gran parte son delegados de los gobiernos, sobre todo funcionarios. Dependiendo del caso, van desde equipos de dos personas a varios cientos en el caso de los países más ricos.
Hay muchos lobistas y representantes de empresas, de la industria y la agricultura. También de grupos ambientalistas.
Los líderes políticos también se harán presentes, aunque sólo por un día. Su papel será dar discursos e impulsar el trabajo de sus negociadores hacia un compromiso efectivo.
Hidalgo, Hollande y Obama
Image captionEn cuanto llegó a París, el presidente de EE.UU., Barack Obama, fue al teatro Le Bataclan, donde rindió tributo a las víctimas de los ataques del 13 de noviembre.
Entre los representantes estatales destacan los ministros de Medio Ambiente, que también llegarán al final de las negociaciones para darle forma al acuerdo definitivo.

¿Qué esperan conseguir?

Piensa en todo lo que te rodea: el teléfono o computadora en que estás leyendo esto, lo que comes, la ropa que vistes…
Casi todo lo que ves, tocas o sientes ha sido cultivado, construido, transportado usando energía que viene de combustibles fósiles.
Han sido de enorme utilidad para el desarrollo de la humanidad, permitieron la industrialización, el desarrollo, sacar a millones de la pobreza.
Pero está bien documentado que el dióxido de carbono que se genera tiene un efecto invernadero; es decir, atrapa el calor en la superficie del planeta.
Según los científicos, es impredecible el impacto que tendrá en el clima el hecho de que la media de la temperatura de la Tierra supere 2 ºC la de los tiempos previos a la industrialización.
Torre Eiffel
Image captionLa conferencia sobre el cambio climático durará toda esta semana.
Y estamos ya a medio camino de ese peligroso punto.
Así que el propósito de París es trabajar una manera de limitar las emisiones de esos gases, mientras se permite que los países puedan seguir creciendo y se le ofrezca ayuda a los menos desarrollados y más afectados por la subida de las temperaturas.
¿Simple? Es probablemente el acuerdo de cooperación más ambicioso jamás planteado.

¿Cuáles son los puntos de desacuerdo?

El destino final es un mundo donde las temperaturas no suban más de 2 ºC por encima del nivel en que estaban entre 1850 y 1899.
Esa es la aspiración de largo plazo que ya se ha pactado.
Pero hay graves diferencias sobre cómo alcanzarlo. Los países en desarrollo dicen que quieren el derecho a seguir quemando petróleo y carbón hasta que terminen con la pobreza.
Image copyrightReuters
Image captionMiles de ciudadanos piden a las autoridades más acción contra el cambio climático en todo el mundo estos días.
Argumentan que ahora es su turno, pues los ricos han tenido acceso sin restricciones a los combustibles fósiles por dos siglos.
Así que el acuerdo de París requiere encontrar un balance entre la necesidad de recortar esos gases con el derecho a usarlos.
La cuestión de quién paga es también crucial.
¿Quién va a asumir el coste de la transición a las energías renovables para los países que no se lo pueden permitir?
¿Quién va a poner dinero para ayudar a los países pobres a adaptarse a la subida de los niveles del mar y a las sequías y olas de calor?
Image copyrightGetty
Image captionEl mundo estaba dividido entre países desarrollados y los que estaban en desarrollo, tomando como medida los ingresos del país.
¿Pueden los países que sufran el impacto del cambio climático en el futuro poner demandas legales contra los que consideren responsables?
Estas son algunas de las cuestiones más complicadas que están por responderse. Pero sobre todo está el asunto de la justicia.
Los países más ricos dicen que el mundo ha cambiado desde que se iniciaron las conferencias en 1992.
Entonces, el mundo estaba dividido entre países desarrollados y los que estaban en desarrollo, tomando como medida los ingresos del país.
Pero esta división ya no es necesariamente vigente, pues están las economías emergentes que pueden también arrimar el hombro en los crecientes costos del cambio climático en el futuro.

¿Servirá para algo?

La diferencia que puede hacer la cumbre es potencialmente enorme.
En los años 80, los científicos descubrieron el agujero en la capa de ozono y el acuerdo alcanzado en Montreal, Canadá, estableció la manera de atajar el problema.
Rápidamente, el mundo dejó de usar los destructivos gases que causaron el problema y en la actualidad el agujero se está cerrando.
Image copyrightAP
Image captionLa diferencia que puede hacer la cumbre es potencialmente enorme.
El cambio climático requiere un método similar, pero a una escala mucho mayor.
Un acuerdo ambicioso en París limitaría los gases de efecto invernadero y pondría al mundo en el camino hacia la reducción del impacto del cambio climático.
Pero la realidad de la política y las negociaciones hace que probablemente se trate de un acuerdo de compromiso.
Entonces, con el tiempo, los negociadores podrán fortalecer el acuerdo y hacerlo más ambicioso.
La esperanza no está perdida. Basta ver lo lejos que ha llegado la humanidad simplemente con la iteración y reiteración de las ideas hasta que se convierten en algo mejor.
Un ejemplo, los teléfonos inteligentes e internet.
Así que pese al potencial de fracaso y lo probable de un compromiso algo desordenado, un resultado en la cumbre de París, sea débil o robusto, es que va a estar en el corazón de todo lo que intentemos en el futuro.
Y ese será uno de los grandes logros de la humanidad.

miércoles, 1 de julio de 2015

Argentina el pais de Monsanto por Marie Monique Robin

Marie Monique Robin, Argentina el país de Monsanto

Marie Monique Robin: “Si existe un país en el que Monsanto haya podido hacer todo lo que le viniera en gana sin el menor obstáculo, ese es Argentina”


marie monique robin
Reconocida por sus investigaciones sobre el accionar de las multinacionales agrícolas, la periodista francesa Marie Monique Robin (1960) fue quien ha revelado los entretelones del agronegocio y denunciado a la corporación Monsanto, líder del mercado mundial de semillas transgénicas y agroquímicos, por ocultar y falsificar información relativa a los productos que comercializa. Robin es autora de numerosas investigaciones. Quizás, la más famosa de ellas sea “Le monde selon Monsanto” (El mundo según Monsanto), publicada en 2008 como libro y documental cinematográfico, traducida a dieciséis idiomas y difundida hasta en las regiones más recónditas de Africa. En ese trabajo, la periodista francesa dedicó un capítulo entero al caso de la Argentina, lo que la llevó a conocer diferentes provincias inundadas por el “oro verde” y constantemente fumigadas. La soja transgénica desembarcó en la Argentina en 1996. Fue el segundo país, después de los Estados Unidos, en autorizar su llegada, en un proceso plagado de irregularidades ya que se violaron procedimientos administrativos, se dejaron sin respuesta los cuestionamientos de instancias técnicas y no se realizaron los análisis especificados por distintos organismos. Ya durante la autorización se vio la mano de las multinacionales: el expediente administrativo estaba escrito en inglés y nunca se tradujo al castellano. Además, de sus ciento treinta y seis folios, ciento ocho pertenecían a informes presentados por Monsanto. “Si existe un país en el que la multinacional haya podido hacer todo lo que le viniera en gana sin el menor obstáculo, ese es Argentina”, sostuvo Marie Monique Robin en “El mundo según Monsanto”. Por entonces, dos medios periodísticos de circulación masiva fueron los principales impulsores mediáticos para conseguir el ingreso de la soja transgénica y el glifosato a la Argentina. En ellos se hablaba de la soja transgénica como “uno de los alimentos más completos” y propiciaban su “ingreso en nuestra cultura”. Tiempo después se conocieron los vínculos comerciales que existen entre esos diarios y Monsanto. Los casos de cáncer denunciados por investigadores independientes no tuvieron lugar en sus páginas y simultáneamente encararon una campaña para deslegitimar los estudios que advertían sobre los efectos del herbicida. Sucede que ambas empresas están asociadas en la organización de la feria anual Expoagro, donde se realizan jugosos negocios vinculados con el comercio de agroquímicos con la participación de las principales compañías del rubro. Hoy por hoy, y a pesar de los ingentes esfuerzos que hace el actual gobierno para diferenciarse del gobierno “neoliberal” de los años ’90, nada ha cambiado. Es más, el modelo se ha profundizado. Con la anuencia y venal complicidad del gobierno “nacional y popular”, Monsanto ha puesto en marcha proyectos tales como Max Solidario, Semillero de Futuro,Agricultura Certificada y Compromiso de Rendimiento Sustentable, programas de “responsabilidad social corporativa” mediante los cuales supuestamente promueve el desarrollo de “proyectos productivos que contribuyan a la sustentabilidad de comunidades rurales postergadas” a la vez que introdujo la tecnología RoundUp Ready -un herbicida a base de glifosato para el cultivo de maíz- y la tecnología BG/RR -para ser aplicada en el cultivo de algodón- entre otros. Marie Monique Robin también ha incursionado en otros temas igual de urticantes que también involucran a la Argentina. En “Voleurs d’yeux” (Ladrones de ojos) trató el problema del tráfico de órganos; y en “Escadrons de la mort. L’école française” (Escuadrones de la muerte. La escuela francesa) muestra los vínculos entre los servicios secretos franceses con sus homólogos de Argentina y Chile. Recientemente ha publicado una nueva investigación sobre la problemática de los transgénicos: “Notre poison quotidien” (El veneno nuestro de cada día), donde se ocupa de los químicos que contaminan la cadena alimentaria. Sobre esta nueva obra se explayó en la entrevista realizada por Manuel Alfieri para la edición el 4 de septiembre de 2012 del diario “Tiempo Argentino”.
¿Cuándo y cómo comenzó su interés por este tema?
Llevo más de veinticinco años trabajando como periodista, con un interés particular por la cuestión agrícola, porque mis padres son agricultores en Francia. Así fue que comencé a hacer un trabajo de investigación sobre la pérdida de biodiversidad en el mundo. Cuando fui a México me encontré con un escándalo tremendo: multinacionales que consiguen patentes de semillas. Dentro de esas empresas estaba Monsanto, que en aquella época ya tenía más de seiscientas patentes en plantas. Allí empecé a investigar a Monsanto y a ver el tema de las patentes, que para mí es central. La única razón por la que Monsanto hace transgénicos es porque hay patentes, y eso permite que pida regalías y tenga un monopolio del sistema. Controla toda la cadena alimentaria a través de este sistema, obligando a los agricultores a comprar cada año sus semillas.
En “El mundo según Monsanto” usted denunció el accionar de una de las empresas más poderosas del mundo. ¿Recibió presiones o amenazas?
Esa era mi preocupación. Pero pasó una cosa que para mí fue una protección tremenda: el increíble impacto del material publicado. Si no me pasó nada es porque todo está justificado con entrevistas y con documentos. Yo estaba en Canadá cuando salió el documental y una de las periodistas que me entrevistó me dijo que su mejor amiga era la directora de comunicación de Monsanto Canadá. “La empresa buscó en cada página cómo te podía hacer un juicio y no encontró nada”, me confesó. Por eso yo digo abiertamente que Monsanto es una empresa criminal.
¿Cuáles son los principales argumentos para sostener su denuncia?
Cuando una empresa sabe que un producto es muy tóxico, es decir, que va a contaminar el medio ambiente o va a enfermar a la gente, y de todas formas hace lo posible para mantenerlo en el mercado, entonces se trata de un comportamiento criminal. Por ejemplo, en el tema del Policloruro de bifenilo (PCB), prohibido en casi todo el mundo, Monsanto acumuló las pruebas y las escondió, sabiendo cuán altamente tóxicos eran los PCB. Por eso fueron condenados a pagar 700 millones de dólares de multa en los Estados Unidos. Fue por la tragedia de Anniston, en 2002, cuando la justicia comprobó que de tres mil quinientos demandantes de ese pueblo, el 15% presentaba niveles superiores a 20 ppm (partes por millón) de PCB en sangre, cuando lo aceptable es de 2 ppm.
Este tema forma parte también de su nuevo libro, “Nuestro veneno de cada día”.
Claro. Allí cuento la historia de campesinos que se reunieron para hacer una asociación de más de doscientos miembros. Muchos tienen enfermedades como Parkinson y cáncer. Son campesinos que manipulan tóxicos a diario. El presidente de esta asociación manipuló Lasso, un herbicida para el maíz de Monsanto, prohibido en la Unión Europea, y esto le provocó una intoxicación aguda. Cayó en coma y, después de recuperarse, se enfermó de Parkinson. La enfermedad se desarrolló muy rápidamente, el hombre sólo tiene cuarenta y ocho años. Fue a juicio y ganó. Monsanto fue reconocido como culpable de la enfermedad y se pudo demostrar que la empresa disimuló estudios y datos sobre el Lasso. Por eso hablo de comportamiento criminal: si no saben que tal tóxico contamina, está bien. Ahora, que lo sepan y lo oculten conscientemente es terrible.
¿Por qué los controles sobre este tipo de multinacionales resultan insuficientes?
Hay un problema central, que es el sistema de reglamentación de los productos tóxicos. Las empresas dicen que son productos probados y reglamentados. Todo eso es mentira: los estudios en que las instituciones gubernamentales se basan son hechos, entregados y pagados por las propias multinacionales. En general, los expertos de las agencias de reglamentación, que se supone que van a estudiar esos datos, tienen conflictos de intereses muy grandes, porque al mismo tiempo trabajan con multinacionales. Es lo que yo llamo “puertas giratorias”: funcionarios estatales que trabajan en organismos de control y luego lo hacen en las empresas, o al revés. Por otro lado, es un problema fundamental en la reglamentación de los agroquímicos la falta de transparencia y democracia. Los expertos se reúnen a puertas cerradas y ningún observador está autorizado a asistir a los debates. Los datos que van a estudiar son protegidos bajo el secreto comercial. Es una cosa increíble, porque es información toxicológica que tendría que ser pública porque afecta a millones de personas.
En ese contexto, ¿cree que puede existir la independencia científica para evaluar a los agroquímicos?
Es muy difícil. Los científicos tienen mucha presión y a veces pierden su empleo. Sé lo que pasó en la Argentina con el doctor Carrasco, los problemas que ha tenido a raíz de sus estudios sobre los terribles efectos en la salud humana del herbicida glifosato usado en los cultivos de soja transgénica o genéticamente modificada. Siempre es la misma historia. En mi último libro dedico tres capítulos a lo que se llama la “fábrica de la duda”. ¿Qué implica? Si, por ejemplo, un científico independiente publica un estudio enseñando la relación entre una exposición a un plaguicida y una enfermedad, la multinacional paga a un laboratorio que saca otro estudio diciendo lo contrario. Al final, llegan los dos estudios a la agencia de reglamentación y eso se demora años y años. Mientras tanto, el producto se sigue utilizando. Es algo perverso, criminal, porque hablamos de productos que en muchos casos dan cáncer.
Algunas empresas aseguran que los transgénicos son indispensables porque el crecimiento poblacional demanda mayor producción de alimentos.
Es mentira. Si en el mundo hay 1.000 millones de personas que sufren hambre es justamente a causa de este modelo que llevó a la concentración de la tierra, como se ve bien en la Argentina, donde miles de hectáreas están en manos de algunos grandes productores. Por otro lado, este sistema de producción de alto rendimiento es, en un 90%, para alimentar animales de países industriales y no para alimentar a la gente. Lo que vi en el mundo entero es que ahí donde existe este modelo de agricultura, hay pueblos acabados, porque saca del país a los pequeños campesinos, los despoja de la tierra. Con todo esto, están hambreando al mundo.
¿Y cuál considera que podría ser la alternativa?
Tenemos que volver a una agricultura familiar, sin dependencia del petróleo, con biodiversidad de cultivos, que dé la posibilidad a las familias de alimentarse primero y luego vender en los mercados locales. Sacar a la agricultura de los grandes mercados internacionales.
En esta coyuntura, ¿qué fue lo que más le impactó cuando visitó la Argentina?
Estuve en 2005 y recorrí Santiago del Estero, La Pampa, Formosa, entre otros lugares. En Santiago estaban desmontando de manera brutal, provocando inundaciones en Santa Fe. También vimos los problemas en la salud: fuimos a escuelas donde los chicos se habían enfermado porque fumigaban frente al establecimiento. Un desastre. Pero lo que más me sorprendió fue que nadie sabía nada. Nadie sabía qué era un transgénico. Nadie se había dado cuenta de que la sojización era un desastre planificado. Porque el día que no haya más mercado para la soja transgénica, ¿cómo recuperás el suelo?, ¿cómo recuperás a las familias de campesinos que fueron despojados de sus tierras? La soja lleva a la Argentina al hambre y a la dependencia total.
Muchos defensores del glifosato dicen que este agroquímico es tan dañino como “una aspirina”. ¿Qué les diría?
Que si dicen eso, hacen propaganda de Monsanto. Se sabe que el glifosato es un perturbador endócrino, ataca el sistema de reproducción de las mujeres y los hombres. Da cáncer, los científicos lo explican. Es un veneno muy poderoso. En Europa acaba de salir una queja contra Monsanto para revisar la autorización del glifosato RoundUp, porque se escondieron algunos productos muy tóxicos que están dentro del formulado y que nunca fueron informados ni publicados. Estoy segura de que dentro de algunos años el glifosato va a ser prohibido. ¿Pero después de cuántos muertos y de cuánta contaminación? Es una bomba sanitaria.
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sábado, 11 de abril de 2015

Pronunciamiento sobre agrotóxicos y salud

RENACE INFORMA
RED NACIONAL DE ACCION ECOLOGISTA de la Argentina
10 de abril 2015
 
REENVIAMOS
 
PRONUNCIAMIENTO SOBRE AGROTÓXICOS Y SALUD
JORNADA HOSPITAL DE PEDIATRÍA GARRAHAN
BUENOS AIRES
 
Declaración post Jornada sobre  Salud- Agrotóxicos-Daño Genético
del 9 de abril 2015
 
 
La OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró hace apenas unos días al glifosato como “probable carcinogénico para el ser humano”.
Siendo este producto el más utilizado para la agricultura intensiva en el país y derramado por millones de litros sobre personas y medio ambiente,  esta declaración que llega con demasiados años de demora y tibiamente, viene al menos a ratificar lo que afectados directos y profesionales de la salud del interior del país vienen observando y denunciando hace ya años sin ser escuchados por autoridad alguna.
A dos semanas del anuncio, resulta vergonzoso el silencio cómplice de responsables políticos y medios de comunicación que callan el delito que significa estar derramando millones de litros de una  sustancia (por mencionar solo el glifosato) “probablemente” carcinogénica, de manera impune al medio ambiente, incluidos los seres humanos.
En ocasión de haber participado de una nueva actividad en el Hospital Garrahan, convocada por la Junta Interna de ATE, sobre el daño que el modelo productivo en base a la masiva utilización de tóxicos, viene provocando en ambiente y salud, en carácter tanto de expositores, como convocantes y asistentes comunicamos que:
 
*Nos solidarizamos con los afectados directos de las fumigaciones que, tanto por aire, tierra, agua o piel reciben el impacto de los fuertes productos tóxicos utilizados.
 
*Llamamos a los profesionales de la salud a realizar acciones en función de la responsabilidad que nos compete en función de preservar la salud -no solo ante la pérdida de la misma- y comenzar a considerar la severa agresión tóxica a que están siendo sometidos de manera periódica y sistemática los habitantes, como posible causa de enfermedad.
 
*A casi dos décadas de instalado un modelo productivo tóxico, se torna imprescindible contar en hospitales públicos  de manera gratuita, con laboratorios aptos para realizar dosajes de los venenos/tóxicos que, sin duda alguna,  los pacientes portan en sus cuerpos y que puedan estar ocasionándole serios trastornos a su salud.
*Se torna indispensable la aplicación del Principio Precautorio que priorice el Cuidado de la Salud y el Medio ambiente, por sobre la rentabilidad  y se prohíba el uso de sustancias –no solo glifosato- que puedan poner en riesgo o amenace cualquier forma de vida.
 
*Urge tomar medidas tendientes a salir del modelo agrotóxico y fomentar la agricultura en función de la Soberanía Alimentaria, entendiendo esta como el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sustentable y ecológica, y el derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo.
 
*Hacemos responsables a las autoridades políticas que  promueven y profundizan un modelo extractivo basado en la obtención de una mayor rentabilidad –soja y demás cultivos intensivos- minería a cielo abierto o  fracking,  de las consecuencias graves que los mismos ocasionan, como daños ambientales (desmontes, inundaciones) desplazamiento y destierro de pueblos originarios o daños irreparables en la salud tanto de manera aguda o crónica.

“las consecuencias que producen las fumigaciones con agroquímicos sobre la salud y la vida de las personas expuestas involuntariamente poseen la suficiente entidad como para ser calificadas como crímenes de lesa humanidad”.
(Adolfo Pérez Esquivel-Premio Nobel de la Paz)